23/05/2013
Más Notas
 
Un pasado no pasivo
 
Muchas veces solemos encallar los balances en cuantificaciones estancas que terminan por tener como base de sustentación al pasado, y una pizca de correlato presente. No más. Y es por ese error de apreciación que muchas veces terminamos repitiendo traspiés a lo largo de nuestra historia común. Un balance nos debe servir como insumo para determinar cómo los aciertos nos depositan en el camino -por caso- del desarrollo y cómo los errores nos alejan indefectiblemente del bienestar común que todos queremos para la Argentina. Un balance necesita tender puentes hacia el futuro, de lo contrario, es pura melancolía. 
 

La salida post crisis 2001 no ha sido para nosotros un estanque de aguas calmas, claro que no. Once años vista, podemos dar fe de cómo a principios del milenio nos amacábamos entre la muerte en las calles, la disolución nacional, la desaparición de la moneda propia, el trueque, la germinación de cuasi monedas, la desocupación y la pobreza avanzando sobre toda nuestra geografía, por citar algunos ejemplos. Era la doblegación de nuestra voluntad nacional. Pero con esfuerzo y sacrificio colectivo logramos recorrer el camino de la recuperación con inusitada premura, aunque no sin dolor. Desde allí comenzamos a construir.
Y en ese proceso arduo debimos fijar estrategias y objetivos concretos alrededor de los cuales articularnos. Podríamos decir que los ejes sobre los que Argentina planteó su recuperación fueron el crecimiento, la generación de empleo con mayor equidad distributiva y la inversión. Al desafío desesperante que se nos imponía desde múltiples frentes respondimos con hechos concretos. Allí nuestro pasado.

En nuestro presente tenemos la obligación de erigir como plataforma para el desarrollo a la actual soberanía económica, el endeudamiento sustentable del sector privado y público, la disponibilidad de reservas y todos los activos simbólicos y concretos que logramos conquistar durante este lapso de tiempo. Todos estos factores apalancaron nuestro crecimiento, una condición necesaria para el desarrollo, mas no el puerto donde anclar nuestro destino. El análisis sobre lo logrado debe ser la forma de mirar hacia el futuro: tenemos el doble de industria de la que teníamos 10 años atrás, crecimos cerca del 50% en la productividad y del 70% en los niveles de empleo. Por eso, los balances son mapas que deben servirnos para mirar más allá del falso horizonte pasado. Hoy, lo más importante, quizás, sea que comprendamos cuáles son los desafíos a futuro que nos dejan esos balances. Los de corto, mediano y largo. Es por ello que, para continuar ascendiendo cualtitativamente en la espiralada escalera hacia el desarrollo, necesitamos, por ejemplo, una política macroeconómica para el desarrollo, trabajar en todos los aspectos vinculados a la competitividad sistémica desde la energía hasta el transporte y diversificar la matriz productiva argentina. Ampliarla, hacerla robusta para combatir los vestigios de primarización que como canto de sirenas aún sigue resonando en nuestros oídos. El balance de los próximos diez años deberá encontrarnos ante el desafío de superarnos aún más en la carrera global por el agregado de valor, habiendo dejado muy atrás el fantasma de la primarización.

Y aquí quisiera insertar un segundo tema crucial y complementario para tener en cuenta en el balance: la cuestión de la integración regional. Ya hemos visto lo que sucede en esta parte del mundo cuando los países deambulan a destiempo, desacoplados y sin una articulación armónica de objetivos. Estos últimos diez años han servido para solidificar las relaciones de la UNASUR, reencontrarnos con nuestro vecino y un jugador de peso mundial como Brasil. La tarea para la década que viene es llevar ese entendimiento colectivo y bilateral hacia la zona de concreción, de interacción entre Estados y privados. Nuestra Conferencia Industrial de noviembre de 2012 en Cardales marcó el puntapié de inicio para que ese camino comience a ser desandado. Este siglo será el de las regiones, no entenderlo es comprometer el resultado de los futuros balances.

Cualquier proyectiva hacia el futuro tiene como componente irrenunciable a la educación, factor de diferenciación a la hora de hablar de desarrollo. Un país con altos niveles de formación indefectiblemente es una nación que agregará valor, que mejorará el ingreso de sus asalariados, que será una usina de innovación. Hoy la Argentina va en esa dirección, no podemos abandonar el rumbo. Por este sendero hemos recuperado nuestras escuelas técnicas, un eslabón fundamental en el proceso de reconstrucción del denso tejido industrial que todo país que quiera superarse necesita.

Los jóvenes argentinos hoy se vuelcan hacia carreras relacionadas con el ámbito industrial porque ven que podrán desplegar las aptitudes adquiridas durante su formación. ¿Qué mejor señal para ellos que la repatriación de científicos y la creación de un ministerio de Ciencia y Tecnología? Apostar a esto es comprometerse con uno de los activos más importantes con lo que un país cuenta: sus jóvenes, el futuro. Y de esta manera podremos constituir el antídoto más importante para uno de los escollos históricos de Argentina, la oscilación pendular de las políticas macroeconómicas.

Hacer un balance implica pensar en el futuro, traerlo al presente a partir de proponerse la consecución de metas y transformar al pasado en algo más que un conjunto de logros en los que descansar. Estamos hablando de convertir cada puesta en común del debe y el haber en etapas de la carrera hacia el desarrollo. Una carrera que no tiene una línea de llegada sino una generación por delante dispuesta a tomar la posta para continuar el recorrido. Para eso sirven los balances, para que el pasado no sea el pasivo del futuro.

http://www.ambito.com/noticia.asp?id=689703

 
Hablar de cara a la sociedad

Comienzo una nueva etapa en mi participación pública, al asumir el 10 de diciembre una banca en la Cámara de Diputados en representación de la provincia de Buenos Aires. Lo hago como parte del Frente Renovador, que obtuvo casi cuatro millones de votos en las elecciones de octubre, y también en calidad de dirigente empresario, dos veces titular de la querida Unión Industrial Argentina y, en la actualidad, secretario. Pero, por sobre todas las cosas, lo hago como militante de una causa que está por encima de todas las coyunturas y los cargos: el desarrollo nacional.

 
Un sendero regional para el desarrollo

En el mundo actual, y aún más en el que está por venir, las claves del desarrollo están íntimamente relacionadas con la puesta en marcha de estrategias y alianzas regionales capaces de potenciar a los países. Argentina y Brasil no son la excepción. Sus senderos conducen hacia un destino común que implica aprovechar de una oportunidad que es tan real hoy como fue esquiva en el pasado: la oportunidad de agregar valor para no tener que importarlo.

 
De Mendiguren volvió a reclamar "medidas integrales" contra la inflación

El diputado nacional del Frente Renovador advirtió que si desde el Gobierno "no retoman el crecimiento, están abanicando el cadáver". Además, consideró que "todas las medidas para salir no están sirviendo y no vamos a la causa definitiva". 

 
"Si no retoman el crecimiento, están abanicando el cadáver"

El diputado nacional del Frente Renovador, José Ignacio de Mendiguren, criticó por Radio 10 el acuerdo de precios y remarcó la necesidad de incentivar la inversión.

Si no retoman el crecimiento, están abanicando el cadáver

El diputado nacional del Frente Renovador, José Ignacio de Mendiguren, le pidió al Gobierno que tome "medidas integrales" para combatir la inflación e incentivar la inversión.